El conflicto entre Estados Unidos e Irán ya comenzó a sentirse dentro del propio país. Desde que inició la guerra el 28 de febrero, el precio de la gasolina ha subido cerca de 17%, alcanzando los 3.48 dólares por galón. El aumento llega en un momento políticamente delicado: las elecciones intermedias de noviembre.
El presidente Donald Trump ha tratado de restarle importancia al impacto. Durante un evento en Florida aseguró que el aumento se debe al conflicto y que no tendrá consecuencias duraderas. “Los precios han subido artificialmente”, afirmó, al mismo tiempo que prometió que volverán a bajar cuando termine la guerra.
En redes sociales, el mandatario fue más contundente y defendió el costo económico del conflicto. “Los precios del petróleo a corto plazo… son un precio muy pequeño a pagar por la Seguridad y la Paz de Estados Unidos y del Mundo”, escribió.
Aun así, dentro del Partido Republicano ya hay señales de preocupación. Algunos legisladores temen que el aumento en el combustible debilite uno de los argumentos centrales del partido: que la economía está funcionando bien. El senador John Thune reconoció que el tema no es menor y explicó que “el precio de la gasolina es siempre una especie de punto de referencia” para medir el ánimo de los votantes.
Desde la oposición, los demócratas presionan para que el gobierno actúe. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, pidió liberar petróleo de la Reserva Estratégica para intentar contener el aumento de precios.
Mientras tanto, analistas energéticos advierten que el impacto apenas comienza. Calculan que los estadounidenses ya están gastando 200 millones de dólares más al día en gasolina que hace apenas una semana.
En Estados Unidos, el precio del combustible suele tener un peso político enorme. Si la tendencia continúa, la guerra con Irán podría terminar influyendo no solo en la economía, sino también en el resultado de las elecciones de noviembre.