Hay citas a las que dices que sí porque la persona te encanta. Y hay otras en las que, bueno… viste el restaurante, revisaste el menú y de pronto esa invitación que pensabas rechazar ya no sonó tan mal.
Internet tiene nombre para eso: foodie call. El término juega descaradamente con booty call, pero aquí el encuentro no gira alrededor del sexo sino de la cena. Básicamente: quizá no te emociona tanto quien te invitó, pero ese risotto, los drinks y el postre están haciendo un trabajo espectacular.
Y resulta que no es una anécdota tan rara. Una encuesta publicada por DatingAdvice.com encontró que 30% de 1,016 adultos encuestados en Estados Unidos admitió haber aceptado una invitación romántica principalmente para obtener comida o bebidas gratis, aun sin sentir atracción por la otra persona. Entre Gen Z y zillennials, la cifra llegó a 32%.
Pero aquí viene la parte spicy: el verdadero problema probablemente no está en amar la comida gratis. Está en lo que cada persona cree que está pasando en esa mesa. Si alguien piensa que está pagando una cena porque existe interés mutuo y la otra persona solo está ahí porque moría por conocer el restaurante nuevo, tenemos dos citas completamente diferentes ocurriendo al mismo tiempo. Y sí, ahí es donde el chisme deja de ser gracioso.

También sería muy fácil convertir esto en la clásica batalla de “hombres contra mujeres”, pero el estudio reciente habla de adultos en general y muestra que el fenómeno aparece en distintas generaciones. Incluso 26% de las personas de 65 años o más consultadas reconoció haber hecho algo parecido. O sea: esto no nació con Tinder y aparentemente tampoco se jubila.
Hay además una conversación económica detrás. Salir cuesta, los restaurantes cuestan y una cita que incluye cena y drinks puede convertirse rápidamente en un pequeño golpe a la cartera. Los propios autores de la encuesta plantean que la presión económica podría estar influyendo en estas decisiones, aunque advierten que sus datos no permiten demostrar que esa sea la causa.
Importante: la encuesta fue realizada en Estados Unidos, así que no podemos tomar ese 30% y fingir que describe automáticamente lo que ocurre en México. Lo que sí podemos reconocer es una dinámica bastante universal: a veces no sabes si te gusta la persona, aceptas salir, pruebas qué pasa… y otras veces sabes perfectamente que la química más intensa de la noche va a ser con el menú.
Así que quizá la pregunta ya no es si alguna vez hiciste un foodie call. La pregunta incómoda es otra: ¿alguna vez pensaste que estabas teniendo una cita mientras la otra persona solo estaba teniendo una cena?