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“Regime Change”: el libro que desnuda al Trump más imperial y vengativo

Un libro de mil entrevistas expone la psicología del poder en el segundo mandato de Trump: venganza, negocios, megalomanía y pegamento instantáneo.

Un nuevo libro escrito por dos periodistas del New York Times describe los esfuerzos del presidente Trump por doblegar a su antojo al gobierno federal, las instituciones culturales y los ciclos de noticias. Foto | Demetrius Freeman para The New York Times

Cuando Maggie Haberman y Jonathan Swan, dos de los periodistas más cercanos a la Casa Blanca en la historia reciente del New York Times, anunciaron que llevaban dos años trabajando en un libro sobre el segundo mandato de Donald Trump, la ansiedad en el entorno del presidente fue inmediata. Ahora se sabe por qué.

Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump, publicado por Simon & Schuster, es el resultado de cerca de mil entrevistas realizadas en dos años de trabajo. Sus 464 páginas no son una crónica convencional del poder: son una radiografía de un presidente que, según sus propias palabras y las de quienes lo rodean, se ve a sí mismo en la misma liga que Alejandro Magno, Napoleón o Mao Zedong, aunque con una ventaja que ellos no tenían: aviones.

El hombre que quería ser el más poderoso de la historia

En una entrevista que los propios autores le hicieron para el libro, Trump reflexionó sobre su poder mientras hojeaba un documento de dos páginas que le había dado un conocido, con una lista de figuras históricas. Enumeró a Alejandro Magno, Guillermo el Conquistador, Napoleón, Hitler, Stalin y Mao, y fue descartando a cada uno por razones concretas: los primeros no tenían alcance global moderno; los segundos se sostuvieron únicamente a través del miedo.

La pregunta implícita que flotaba en la sala era evidente: ¿y Trump? El presidente no la respondió directamente, pero el contexto lo decía todo. La entrevista ocurrió apenas dos semanas después de que Estados Unidos bombardeara instalaciones nucleares en Irán, en medio de una presidencia que, según los autores, opera casi en su totalidad por instinto y que ha alterado fundamentalmente la naturaleza del cargo que ocupa.

El libro detalla cómo los ejecutivos tecnológicos, entre ellos Mark Zuckerberg, a la izquierda, y Jeff Bezos, al centro, junto a Lauren Sánchez, ahora su esposa, intentaron ganarse el favor de Trump. Foto | Kenny Holston/The New York Times

Zuckerberg, Bezos y el placer de ver cómo te piden perdón

Uno de los pasajes más reveladores del libro tiene que ver con la relación de Trump con los gigantes tecnológicos que en algún momento lo combatieron y que hoy, según el texto, compiten por ganarse su favor. El presidente solía presumir en Mar-a-Lago de los mensajes que recibía. En una ocasión mostró una carta de uno de los hijos de Mark Zuckerberg expresando entusiasmo por “la edad de oro de Estados Unidos”. En otra, enseñó una selfie sonriente que Jeff Bezos le había enviado junto a su ahora esposa, Lauren Sánchez.

La dinámica alcanzó su momento más nítido durante una cena tras las elecciones de 2024, donde Trump y Bezos coincidieron en su hartazgo con The Washington Post, el diario que el fundador de Amazon compró en 2013 y del que, según el libro, se quejó diciendo que había sido su peor inversión y que su área comercial “no escucha”. Trump lo observaba todo con satisfacción apenas disimulada. “Me odiaban”, le dijo a Elon Musk, refiriéndose a Zuckerberg y Bezos. Musk no tardó en completar el cuadro: “Serviles de primera clase”, respondió.

La sala de crisis de la Casa Blanca se utilizó como centro de coordinación para debatir cómo responder al escándalo de Jeffrey Epstein. Foto | Carolyn Van Houten para The New York Times

La sala de crisis que habló de pezones

Quizás el episodio más surrealista del libro ocurre en el corazón mismo del poder estadounidense. El verano pasado, altos funcionarios de la Casa Blanca se reunieron en la Situation Room —el recinto reservado para las crisis de seguridad nacional más graves— para analizar la repercusión política del escándalo Epstein entre la base electoral de Trump.

En esas reuniones se discutió si enviar al vicepresidente JD Vance o a Todd Blanche, funcionario del Departamento de Justicia, al pódcast de Joe Rogan para contener el daño. También se debatió cómo manejar una acusación sin corroborar que había circulado en documentos judiciales desclasificados, relacionada con testimonios de víctimas vinculadas a Jeffrey Epstein. Un alto cargo que participó en esas sesiones resumió la experiencia con una sola palabra: “surrealista”. Estar en ese recinto, dijo, hablando de ese tema, fue algo para lo que ningún manual de gobierno los había preparado.

Venganza como política de Estado

La sed de revancha de Trump no solo es un rasgo de carácter en este libro: es una metodología de gobierno. En una tarde de primavera de 2025, el presidente intentaba recordar el nombre de “ese abogado” de su primer mandato que había dicho que las elecciones de 2020 habían sido limpias. No lo recordaba. Stephen Miller, descrito en el libro como el “guardián de las quejas” de Trump, y Boris Epshteyn hicieron una búsqueda rápida en el celular: Chris Krebs. “Era un tipo malo. Échale un vistazo”, respondió Trump. Días después, la Casa Blanca emitió un decreto ejecutivo ordenando al Departamento de Justicia investigar a Krebs.

El patrón se repite en distintos ámbitos. Cuando la nominación de Pete Hegseth como secretario de Defensa parecía en peligro por una acusación de agresión sexual que él negó, Trump no buscó alternativas en silencio: movilizó a Vance, a su hijo Don Jr. y a Charlie Kirk para presionar a cualquier republicano que dudara. “Necesitamos giros inesperados”, le dijo Trump a un aliado, en lo que parece ser su filosofía de comunicación en una sola frase.

Miller, el hombre detrás del trono

Si Trump es el centro gravitacional de este gobierno, Stephen Miller es el arquitecto invisible de buena parte de sus decisiones. Con cargos que no reflejan su verdadero peso —subjefe de gabinete para políticas y asesor de seguridad nacional—, Miller consolidó en el segundo mandato una influencia que abarca casi todo el aparato federal: redacción de órdenes ejecutivas, coordinación de la campaña de deportaciones masivas y presión directa sobre el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. En una reunión, amenazó con despedir a todo el personal de esa agencia si no se aceleraba el ritmo de las expulsiones.

El libro también apunta algo más sutil pero revelador: Miller acostumbraba presentar sus propias opiniones como si fueran instrucciones directas de Trump, aunque se cuidaba mucho de hacerlo cuando el presidente estaba presente.

Los miembros de la familia Trump consiguieron acuerdos muy lucrativos tras el regreso del presidente al cargo. Foto | Eric Lee para The New York Times

El negocio de gobernar

El libro describe cómo la presidencia de Trump se ha convertido, según los autores, en un vehículo para el enriquecimiento personal y familiar. Los inversores extranjeros encontraron en las criptomonedas de la familia Trump una vía directa de influencia política. Eric Trump obtuvo gratuitamente un terreno valuado en 67 millones de dólares en Miami para construir la biblioteca presidencial de su padre. Howard Lutnick, secretario de Comercio en funciones, anunció que donaría 25 millones de dólares al fondo de esa misma biblioteca, en un gesto que el libro califica de sumamente inusual para un miembro activo del gabinete.

La pasión de Trump por el diseño de interiores puede manifestarse de formas inesperadas, cuenta el libro. Foto |.Carolyn Van Houten para The New York Times

El presidente y la pistola de pegamento

Y luego está el Trump más doméstico, el que quizás resulta más desconcertante precisamente porque es el más humano. Una mañana, Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, entró al Despacho Oval y encontró al presidente con un tubo de pegamento extrafuerte en la mano, colocando él mismo adornos dorados sobre la repisa de mármol de la chimenea. Según el libro, nadie en su círculo cercano se sorprendió: Trump siempre ha preferido sus propias decisiones estéticas a las de cualquier experto.

Regime Change es, en palabras de sus propios autores, la historia de algo que los periodistas estadounidenses estaban más acostumbrados a cubrir en capitales lejanas: un presidente que ha alterado de manera fundamental la naturaleza del cargo que ocupa y, con él, la manera en que el resto del mundo entiende el poder estadounidense. La diferencia es que esta vez ocurre en Washington.

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